Creatividad en los pequeños detalles

Reivindicar los pequeños gestos, los pequeños detalles, las pequeñas aportaciones como elementos estimuladores de la actividad profesional. Hacer grandes las pequeñas cosas es un reto al que nos tenemos que enfrentar diariamente.

Estoy estos días releyendo uno de los libros cuya lectura recomiendo en el margen derecho de esta página, “El artesano” de Richard Sennett y me tropecé con este párrafo:

Repetir una y otra vez una acción es estimulante cuando se organiza mirando hacia delante. Lo sustancial de la rutina puede cambiar, metamorfosearse, mejorar, pero la compensación emocional reside en la experiencia personal de repetir. Esta experiencia no tiene nada de extraño, todos la conocemos: es el ritmo. Ya presente en las contracciones del corazón humano, el artesano ha extendido el ritmo a la mano y al ojo.

Me vino a la mente el post que Julen Iturbe escribió a este respecto hace varios meses en su blog, en el que cuenta como un trabajador inserto en una cadena de montaje con lo que aparentemente (al menos para los que estamos lejanos a ese tipo de trabajo) pueda parecer una trabajo alienante, con margen escaso para la creatividad, con pocas posibilidad de aportar, es capaz de reinventarse, de dignificar su puesto de trabajo, de convertir una actividad rutinaria en algo gratificante. Y lo hace aportando su iniciativa en el poco margen que su actividad profesional le deja, pero lo sabe aprovechar.

Todo esto viene a colación de que esta misma tarde estaba dándole vueltas a la elaboración de un post para contar aquí las múltiples (innumerables diría yo) formas de mejorar el trabajo de cualquier funcionario en cualquier administración pública (extensible a cualquier trabajador en cualquier empresa). Y me retenía el hecho de que muchos de los que pudiérais leer ese post pensárais que aplicar técnicas productivas e innovadoras en el trabajo diario está muy bien… pero para aquellos trabajadores cuyas áreas de responsabilidad se lo puedan permitir o aquellos cuya actividad profesional tolere este tipo de licencias.

Y mira tú por donde, releo la cita que encabeza este artículo y me reafirmo en que cualquiera puede innovar en su espacio, independientemente de la zona de influencia de que disponga; sólo es necesario proponérselo.

Mejorar (en el más amplio sentido del término) puede ser un acto tan simple como personalizar nuestro lugar de trabajo. Está comprobado que la adaptación o personalización del lugar de trabajo está muy relacionado con la satisfacción, pasándolo a considerar un lugar propio, individualizado, con el que nos identificarnos y en el que nos sentimos a gusto. El simbolismo del espacio de trabajo tiene efectos directos sobre la comunicación, la privacidad y las dinámicas grupales. Al fin y al cabo son expresiones de la propia identidad.

Esa personalización se puede realizar con pequeños gestos que aporten valor al entorno. Por ejemplo llevar a nuestro trabajo un bolígrafo o un portaminas que nos guste, al que tengamos un aprecio especial, que utilicemos habitualmente en casa. Conseguiremos que lo que hagamos ese día tenga un matiz especial, una especial “marca”, lo hagamos con un empeño (especial), aunque se trate de labores rutinarias y repetidas.

Ese simple gesto puede ayudarnos a reivindicar nuestra labor. Lo he escrito ya por aquí alguna vez y lo volveré a escribir muchas más: los trabajadores públicos somos trabajadores del conocimiento, y como tales tenemos que trabajar para adquirirlo/mejorarlo/actualizarlo y ofrecerlo (a compañeros y ciudadanos). Y esa labor la podemos convertir en una actividad rutinaria, aburrida, alienante o en una actividad novedosa, atractiva, enriquecedora,… De nosotros depende.

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3 pensamientos en “Creatividad en los pequeños detalles

  1. Hola, Juanjo.

    Me asalta todo el rato una pregunta cuando leo cosas como las que (con buen criterio, de eso no me cabe duda) escribes: “me reafirmo en que cualquiera puede innovar en su espacio, independientemente de la zona de influencia de que disponga; sólo es necesario proponérselo”.

    La pregunta es que: ¿tenemos que respetar el derecho de que, por determinadas circunstancias, ciertas personas no quieran proponérselo? ¿Es un derecho a respetar?

    • Julen: La pregunta que dejas en el aire no es fácil de contestar, pero voy a intentarlo brevemente.
      Yo creo que el derecho de cualquier trabajador a innovar, es precisamente eso: un derecho. Y como tal puede ejercerse o no.
      Por eso, uno de los grandes retos de los dinamizadores (los líderes en terminología empresarial) es conseguir implicar, motivar a estos trabajadores para que sean conscientes de los grandes beneficios (también a nivel personal) que aporta la “innovación en las pequeñas cosas”.

      El tema daría para un post extenso.

      Gracias por pasarte por aquí y comentar.

  2. Hay que proponer objetivos y si el objetivo es innovar o mejorar deja de ser un derecho para convertirse en un deber. No sé, estoy un poco radical últimamente: o estiras del carro o te bajas de él ( o te acabaran bajando).
    Saludos

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