Sostenibilidad y control de horarios en la Administración

FuncionariosEn los últimos días se está produciendo en el grupo PIPEJGV en LinkedIN un debate muy interesante, con intervenciones suculentas y que afecta a los cimientos mismos de la administración pública del futuro. El debate parte de una entrada en el blog de KGomerment elaborada por @carlosguadian en la que se comenta brevemente una decisión del Gobierno Canario, según la cual se sancionará con pérdida de salario a los funcionarios que permanezcan en sus respectivos puestos de trabajo menos tiempo del legalmente establecido.

Esto, como digo, ha dado pie a generar un animado debate sobre la pertinencia de medidas de este tipo, basadas en el control de entrada y salida del trabajador de su centro de trabajo. Mi postura al respecto está meridinamente clara puesto que estoy completamente en contra de la implantación de este tipo de medidas. Prácticamente en todas las administraciones existe este control horario desde hace años y el tiempo se ha encargado de demostrar que no sirve para nada, puesto que la presencia física en el puesto de trabajo no lleva implícita la producción de valor en lo que se hace. Puedo estar sentado en mi mesa cumpliendo escrupulosamente mi horario laboral, pero dedicarlo en exclusiva a interactuar con mis amigos a través de Facebook, o a leer el periódico, o a charlar distendidamente con mis compañeros… Nadie valora la calidad de lo que hago, nadie valora mis aportaciones, mi implicación con lo que hago, mi compromiso con la institución.

En alguna intervención del grupo en LinkedIN, un compañero propone la aplicación de usos y costumbres de la empresa privada en la Administración pública. No puedo estar más en desacuerdo con esa propuesta. No necesitamos añadir a la Administración más comportamientos perversos.

 ¿Debe gestionarse una administración publica como una empresa privada? No. Soy de los que defienden que los servicios públicos no pueden ni deben ser gestionados con principios de mercado. La empresa privada quiere generar beneficios (a sus propietarios, a sus socios, a sus inversores) y la administración pública quiere dar un servicio público acorde con las exigencias de los ciudadanos y cumpliendo unos estándares de calidad. ¿Hay algo en común entonces? En lo fundamental, nada. Ni los objetivos ni las estrategias que se implantan para conseguir los objetivos.

Por qué nos empeñamos en aplicar sistemas de gestión privados en lo público. Pues porque lo que los entendidos llaman “el mercado” está infiltrándose en el tejido genético de todos nosotros. Aparentemente lo privado es lo adecuado y lo público pretendemos transformarlo a imagen y semejanza de lo privado. Esa es la gran perversión contra la que tenemos que luchar. Aplicando esas tácticas nunca conseguiremos unos servicios públicos productivos, sino una administración “privada”.

La “sostenibilidad de la administración pública” es el gran engaño liberal de la última década. Plantearnos si los funcionarios cumplen escrupulosamente su horario de permanencia en el tajo en la época en la que se está potenciando el teletrabajo (con las grandes virtudes, también de ahorro, que éste tiene) es un contrasentido.

sostebilidadPlanteémonos cuestiones de base, como por ejemplo: ¿Debe ser sostenible económicamente un servicio público que ofrece salud (por ejemplo)?. Radicalmente no, al menos aplicando el concepto que últimamente se le otorga a la “sostenibilidad”. Seamos sostenibles en cuanto a responsabilidad social, responsabilidad corporativa, tratamiento de residuos, ahorro energético, participación ciudadana, participación de los trabajadores en ámbitos de gestión, … y conseguiremos trabajadores públicos responsables con su trabajo, comprometidos y motivados.

La Administración pública debe establecer objetivos claros (hacia ellos tenemos que dirigir nuestros pasos), redefiniendo los procesos (obsoletos en la mayoría de las ocasiones) que nos van a permitir caminar hacia esos objetivos, racionalizando esfuerzos y recursos, e implicando a los trabajadores en la consecución de esos objetivos permitiéndoles participar en ámbitos de gestión y decisión, “horizontalizando” el organigrama jerárquico y potenciando el trabajo colaborativo y participativo.

Y no será necesario plantearse si controlamos o no los minutos que se retrasan en sentarse en su mesa de trabajo.

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10 pensamientos en “Sostenibilidad y control de horarios en la Administración

  1. Aunque creo que comparto el espíritu de este post, creo que hay dos ideas que merecen ser comentadas:

    – Los servicios públicos necesitan ser sostenibles, no sólo económicamente, pero también económicamente. Hay un presupuesto para gastar que no es infinito. Ahora bien, entiendo y comparto tu idea de una sostenibilidad entendida en un sentido más amplio. La misma idea vale para el “retorno de la inversión”: el beneficio será beneficio social.

    – Defiendo radicalmente la confianza en los trabajadores y, sin embargo, os diré que el “fichaje” suele ser una bendición. La razón es muy tonta, pero muy humana. En los centros donde no se ficha, cada trabajador está mirando con el rabillo del ojo para ver si el compañero de al lado entra y sale antes o después que él.Se generan muy malos rollos e historias de emulación negativa. Cuando se deja el control horario en manos de un sistema automático, los trabajadores se quitan un problema de encima. Otra opción es la de Ricardo Semler: cambiar cada día de ubicación y eliminar los horarios, para que sea imposible el control de la jornada entre compañeros. Pero esta opción es más difícil de implantar.

    • Alorza: Estoy completamente de acuerdo en que los recursos no son infinitos y, por lo tanto, hay que realizar una labor de administración adecuada de esos recursos. Lo que quiere significar es que si la sostenibilidad del sistema de basa exclusivamente en cumplir los presupuestos (presupuestos asignados por políticos) ¿dónde quedan las demás variables que influyen en el servicio público?

      Permíteme que sea excesivamente simple en el análisis, intentaré por contra, ser gráfico.

      1º. Sostenibilidad a través del uso responsable del servicio publico y la corresponsabilidad: El ciudadano informado de los recursos que se consumen en los servicios públicos que se le ofrecen percibe que hay que reducir el gasto y decide utilizar adecuadamente (o utilizar en menor medida) dicho servicio. El presupuesto se ajusta a este nuevo escenario y la sostenibilidad se mantiene.

      2º. Sostenibilidad a través del ajuste presupuestario: El político percibe que a su juicio se está invirtiendo demasiado en un servicio público y decide reducir el presupuesto asignado. Dicho servicio debe ajustarse a ese presupuesto para ser sostenible. Recorta servicios y ajusta presupuesto. La sostenibilidad está asegurada.

      1º Presupuesto subordinado a las necesidades del ciudadano. 2º Oferta de servicios subordinada a los ajustes presupuestarios.

      Prefiero la primera hipótesis.

      Gracias por pasar por aquí y comentar.

  2. Muy de acuerdo en que el control horario no sirve y los usos y costumbres de la empresa privada pueden quedárselos para la empresa privada…sobre todo en un momento como éste, en que cuanto más se demuestra que son obsoletos, más se insiste en implantarlos.
    Aunque suelo compartir las opiniones de Alberto, en este caso y tal y como están las cosas en las administraciones públicas, en dónde cada vez se prima el individualismo y se promueve el aislamiento y la sumisión de los empleados públicos, me parece que lo que menos miran los trabajadores es a sus compañeros.
    La flexibilidad en el horario, es una solución de transición, con buenos resultados en lo sitios en dónde se aplica, porque permite al empleado público gestionar su tiempo de trabajo, adaptándolo a sus necesidades.Me es imposible entender las resistencias que genera.

    • Olga: Estoy de acuerdo contigo. La flexibilidad de horario (que no tiene nada que ver con una actitud laxa en el cumplimiento de tus responsabilidades y tareas) permite al funcionario auto administrar esta area de responsabilidad, aumentando la satisfacción y el orgullo de pertenencia.

      Gracias por pasarte por aquí.

  3. Pues como Alberto, estoy de acuerdo con el fondo del asunto, pero coincido en que el control horario no tiene por qué ser negativo para el empleado, pudiendo incluso ser muy positivo. Por un lado quitas la “presion” de sentirte controlado por tus compañeros, por otro equipara; todos conocemos jefes mas controladores que otros y compañeros que merecen más confianza que otros. Obviamente con ello no quiero decir que el control horario garantice, y mucho menos que mejore, la productividad.
    Por otro lado, control horario no tiene por que ser igual a rigidez horaria. En mi caso, por ejemplo (una Universidad Pública, la Pablo de Olavide, de Sevilla), el sistema de control horario obliga a picar el momento en que se inicia la jornada y la salida, cuando se acaba. Aunque el horario general para quienes tenemos turno de mañana es de 8 a 15, tienes una hora a la entrada y otra a la salida de horario flexible (entra o sal cuando te dé la gana, sin explicaciones a nadie). Lo que se cuentan son las horas trabajadas en el trimestre. Incluso, para facilitar la conciliacion familiar, si al final del trimestre el computo es negativo (hasta 10h), no pasa nada.
    Por mi experiencia, cuando hemos discutido entre compañeros las ventajas e inconvenientes del sistema de control horario que ‘sufrimos’ desde hace unos 7 años, son más quienes están satisfechos que los que están hartos de que les ‘controlen’.

    • David: Creo que la percepción que cada uno de nosotros tenemos de los beneficios o perjuicios que puede reportarnos el control horario dependen de los escenarios y situaciones que viviéramos con anterioridad. Si el escenario es malo, la implantación del control horario puede mejorar el ambiente laboral.

      En mi caso no existe control horario (telemático). Los trabajadores no nos sentimos controlados (ni por la empresa ni por otros compañeros). Este sistema ayuda a conciliar la actividad laboral y familiar y creo que es muy bien valorada por los propios trabajadores.

      Si ahora nos impusieran un sistema de control horario sería un paso atrás, no en derechos laborales o en beneficios extraprofesionales, sino en la demostración de confianza que mi empresa ha mantenido en los últimos años.

      Por lo tanto, considero que es determinante la experiencia de la que partamos. En lo que si estamos completamente de acuerdo es que esta medida no ayuda a que los funcionarios seamos más productivos.

      Gracias por comentar.

      • Creo que decimos cosas parecidas. Preferimos la autonomía del empleado, pero sabemos que hay casos (muchos) en que el control horario, combinado con un horario flexible, simplifica la vida a todos.

  4. Me ha gustado el artículo, y me gustaría comentar pues se tocan varios puntos que, a mi modo de ver, son distintos.

    El primero es si el control horario es necesario para demostrar que un trabajador está trabajando, es decir, si existe relación directa entre la presencia y la productividad del empleado.

    La respuesta es: depende.

    Depende del tipo de trabajo. En algunos trabajos, la presencia es directamente proporcional al resultado. Por ejemplo, un trabajo de ventanilla, un vigilante, un policía de calle, en general la gente que su trabajo supone un contacto físico o una presencia física, está claro que si no está, no trabaja.

    En otros trabajos, es completamente irrelevante. En mi blog, en los comentarios al artículo sobre la productividad, ponía el ejemplo de un traductor de textos (libros, artículos, patentes, etc.). Los traductores en general pueden trabajar en cualquier lugar y a cualquier hora. Lo importante son las páginas traducidas. Hacer control de presencia para este tipo de trabajo, no tiene ningún sentido.

    Y por último, están muchos trabajos que tienen componentes de ambos tipos, es decir, que se requiere cierto grado de contacto, con compañeros, con jefes, con clientes/usuarios, pero que también tiene una parte de trabajo que es independiente y que podría realizarse en cualquier sitio o a cualquier hora.

    Yo creo que en estos casos el control de presencia aporta muy poco, es decir, que el trabajador fiche o no está poco relacionado con su productividad y con sus resultados. Además, como se ha dicho en algún ejemplo anterior, puede fichar y sin embargo dedicarse a otras cosas desde dentro del trabajo. O incluso se da el caso de trabajadores que fichan por otros.

    De modo que, en mi opinión, siempre que se pueda establecer una medida de productividad que dependa la obtención de determinados resultados, es preferible a la utilización de las mediciones de tiempo, sean flexibles o no.

    Luego se toca el tema de la gestión pública con métodos de empresa privada, cosa que en mi opinión no tiene nada que ver con lo anterior. Tanto en las AAPP como en las empresas, se podrán o no aplicar métodos de control de producción o de presencia, sobre todo en función del tipo de actividad o de los resultados que se desean.

    Comparto la tesis de que es un error gestionar lo público como si fuera una empresa, pero nadie dudará de que se pueden aprovechar métodos, y herramientas, que son de igual aplicación en uno y en otro ámbito.

    La diferencia es que, mientras es posible traducir los resultados del proceso productivo a dinero en una empresa, en la Administración eso no se puede hacer. Pero sí es posible medir los resultados, y determinar si un proceso es mejor o peor, y mejorarlo, en función de tales resultados. Como decíamos antes, esos resultados son una función del tipo de trabajo.

    La tentación de convertir a dinero los resultados de un servicio de las Administraciones son muy altas. En mi blog comentaba el caso de la “factura virtual” que se va a entregar a los usuarios de los servicios sanitarios de Madrid, y algún otro ejemplo.

    Pero se trata de un error, pues los servicios públicos no se prestan en régimen de mercado, y no es posible saber su precio real. Por eso se tiende a equiparar el precio de los servicios públicos con su coste (método OCDE) pero es claro que cuando se hace esta equiparación, los conceptos de eficiencia o productividad pierden su sentido.

    En cuanto a la palabra “sostenibilidad”, la RAE dice “Dicho de un proceso: Que puede mantenerse por sí mismo, como lo hace, p. ej., un desarrollo económico sin ayuda exterior ni merma de los recursos existentes.”

    Esta claro que la Administración Pública no es sostenible por si misma, pues precisa a la sociedad a la que sirve, pero del mismo modo, la sociedad no es sostenible sin una Administración Pública mínimamente decente.

    Así que para mí es absurdo debatir sobre si la Administración es sostenible o no, debatamos sobre si la sociedad actual es sostenible, y que papel puede jugar en esa sociedad la Administración Pública para que lo sea.

    • Estoy de acuerdo contigo. Se han abordado dos conceptos completamente diferentes. Seguramente ha sido culpa mía en la exposición. Lo que realmente quería transmitir era, por una parte el fundamento del debate y por otra, una de las aportaciones en la que se hacía una pequeña apología a la aplicación de gestión privada en la administración.

      Con respecto a lo que comentas: Es cierto que no a todos los empleados públicos puede afectar de la misma forma el control horario. Quienes tienen una actividad directamente relacionada con la atención al ciudadano tienen unas responsabilidades en este tema distintas al resto, aunque discrepo en que sean tan diferentes como para que la aplicación de este control sea positivo.

      Con respecto a la gestión privada en lo público, estoy completamente de acuerdo con lo que dices y me alegra que utilices la definición de “sostenibilidad” de la RAE, puesto que yo también la utilizo habitualmente como argumento para defender esta misma tesis. Como tú bien dices, ésto no es óbice para que puedan utilizarse herramientas y tácticas de empresa privada.

      Gracias por pasarte por aquí y comentar.

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