Repensar la formación

dudasTodos sabemos la situación económica-presupuestaria en la que se encuentran las Administraciones Públicas, de restricciones y racionalización (que algunas veces no parece muy racional) del gasto. En este contexto debemos replantearnos muchos y variados conceptos que hasta ahora nos habían parecido inamovibles. Hemos dado un paso atrás y ésto nos permite agudizar el ingenio, obligarnos a revisar y detectar areas de mejora e intervención para administrar gastos y esfuerzos.

En ello estamos en este momento en el que en mi empresa estamos intentando poner en marcha un Plan de formación on-line. El reto que nos planteamos de cara al año 2012 es el de conseguir la cuadratura del círculo: formar más y mejor con menos presupuesto. La situación se complica puesto que, como ya he contado por aquí, nosotros tenemos una grandísima dispersión y diversidad estamental, lo que hace todavía más compleja la situación (y a la vez más estimulante).

Y puesto que las circunstancias nos obligan, tenemos que hacer un [sano] ejercicio de repensar la formación. No tengo que argumentar que el e-Learning tiene unos condicionantes, características, técnicas, herramientas, objetivos,… distintos de la formación presencial y por lo tanto, dar un salto de la una a la otra no es fácil.

En este ejercicio de repensar la formación me planteo dos cuestiones importantes:

1. Con respecto al contenido de los cursos:

Uno de los objetivos prioritarios debe seguir siendo la adquisición de aptitudes y competencias, pero no debería ser el único. Incluso me planteo si éste debería ser el primer objetivo.

El otro gran objetivo es la transmisión de visión y valores a los trabajadores. Es una manera de hacer empresa (en mi caso, de hacer Administración) desde dentro.

2. Con respecto a los Objetivos didácticos:

¿Quién los propone o decide?. Ya se que en última instancia existe un Departamento o Unidad de Formación que se responsabiliza del diseño y ejecución del Plan de Formación para el año próximo, pero existen diferentes formas de elaborar este Plan y diferentes criterios a la hora de decidir incluir los cursos en él. En mi caso concreto se tiene muy en cuenta las propuestas realizadas por los propios trabajadores. ¿Debe ser así?. Parece lo más lógico: los trabajadores proponen los cursos que consideran más necesarios para atender los déficits formativos que ellos mismos detectan.

Pero esto, que aparentemente tiene su lógica ¿es lo más sensato?. Provoca una repetición de cursos a lo largo de los años que por su comodidad, atractivo, saber hacer del ponente,… tienen una gran aceptación aunque no cubran ninguna “laguna formativa”. Además se olvidan o se posponen sistemáticamente para los próximos años cursos o actividades novedosas o innovadoras que, precisamente por el componente innovador que posee, no son tenidas en cuenta por la gran mayoría de los trabajadores.

Repensar la formación debería ser un ejercicio periódico de obligado cumplimiento para la Administración, cuando más si el formato cambia (adaptándolo a los tiempos) pasando de la tradicional formación presencial a la formación on-line.

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