Tipología emocional de proyectos

Según el estado de ánimo con el que se aborda cualquiera de los proyectos que iniciamos (ya sea en en trabajo o el entorno doméstico o familiar), tengo comprobado que los puedo dividir en tres grandes bloques:

1. Proyectos Ilusionantes. A primera vista poseen un atractivo innovador, permiten aprender y emprender, nos incitan a la utilización de herramientas novedosas y nos ayudan a experimentar nuevas dimensiones.

2. Proyectos Frustrantes. Nacen fallecidos, muertos. Lo sabes, lo detectas. Están muertos desde antes de comenzar a trabajar en ellos. Existe nula convicción por la dirección, una apatía descreída de quienes tienen que participar en ellos, y una determinante falta de inversión de recursos.

3. Proyectos Cambiantes. Se inician Ilusionantes pero van permutando en Frustrantes. Van perdiendo la carga de ilusión con el que se comenzó. El promotor del proyecto se inhibe. Se realiza un mal diseño del enfoque o del despliegue. No existe ánimo de implicación por los componentes directos que deben dar vida al proyecto.

Si el único tipo de proyecto útil y factible es el primero, ¿por qué no ponemos las bases para intentar que todos los proyectos que iniciamos tengan un atractivo innovador, permitan aprender y emprender, nos inciten a la utilización de herramientas novedosas y nos ayuden a experimentar nuevas dimensiones?

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