Tipología emocional de proyectos

Según el estado de ánimo con el que se aborda cualquiera de los proyectos que iniciamos (ya sea en en trabajo o el entorno doméstico o familiar), tengo comprobado que los puedo dividir en tres grandes bloques:

1. Proyectos Ilusionantes. A primera vista poseen un atractivo innovador, permiten aprender y emprender, nos incitan a la utilización de herramientas novedosas y nos ayudan a experimentar nuevas dimensiones.

2. Proyectos Frustrantes. Nacen fallecidos, muertos. Lo sabes, lo detectas. Están muertos desde antes de comenzar a trabajar en ellos. Existe nula convicción por la dirección, una apatía descreída de quienes tienen que participar en ellos, y una determinante falta de inversión de recursos.

3. Proyectos Cambiantes. Se inician Ilusionantes pero van permutando en Frustrantes. Van perdiendo la carga de ilusión con el que se comenzó. El promotor del proyecto se inhibe. Se realiza un mal diseño del enfoque o del despliegue. No existe ánimo de implicación por los componentes directos que deben dar vida al proyecto.

Si el único tipo de proyecto útil y factible es el primero, ¿por qué no ponemos las bases para intentar que todos los proyectos que iniciamos tengan un atractivo innovador, permitan aprender y emprender, nos inciten a la utilización de herramientas novedosas y nos ayuden a experimentar nuevas dimensiones?

Expertos silenciosos

Estamos rodeados de verdaderos y auténticos expertos. Expertos en temas complejos, temas que no dominamos la mayoría de mortales. Expertos de contrastada experiencia y pericia. Sobradamente preparados y formados. Con un expediente curricular solvente.

Pero que en el terreno práctico, en las distancias cortas, observa con aspecto de haber comprendido todo, pone cara de ver más allá de lo que ve el resto de participantes, toma notas enigmáticas que quedan siempre en el papel. Pero aportan poco e intervienen casi nada.

Hoy me he tropezado con uno de estos expertos. Un tipo encantador, que sugiere mucho más de lo que muestra. Que transmite lo suficiente. Que no ha verbalizado más allá de cuatro-cinco palabras y que ha abandonado una reunión importante (en donde se esperaba su intervención) bastante antes de haberla finalizado. A pesar de ello (o precisamente gracias a ello) su aura de experto se mantendrá y seguiremos invitándole a participar en grupos de trabajo y en reuniones trascendentes.

¿Para qué sirven algunos expertos? Atesoran conocimientos que no se aplican, que no se utilizan (o se infrautilizan). Que no se transmiten, que no fluyen,… Son los “expertos silenciosos“, cuyas cualidades contrastan con las del verdadero entendido: trabajador con conocimientos y experiencia, no desrealizado, con habilidad de trasladar los conocimientos (teoría) a la sistemática diaria (práctica), que sabe interactuar, que cumple las expectativas que el resto tenemos sobre sus intervenciones, y que realiza aportaciones valiosas en los entornos en los que participa.

Perfilando un nuevo proyecto

Ha surgido estos días en el trabajo la posibilidad de desarrollar un nuevo proyecto. Ha llegado de forma imprevista, sin haberlo convocado, sin saber muy bien el motivo por el que está ahí. Pero lo cierto es que está reclamando nuestra atención de forma urgente, no demorable.

Los resultados del desarrollo e implantación de este proyecto pueden ser muy importantes y trascendentales. Tanto como que pueden ayudarnos a implantar un nuevo sistema de trabajo innovador, y eso dentro de la administración son palabras mayores. Es una oportunidad que no podemos perder.

Se necesitan resultados urgentes y la tentación es abordarlo sin más. Aplicar la experiencia, nuestros conocimientos. Convocar un par de reuniones. Poner en común las líneas de actuación… y actuar.

Sin embargo eso no es lo aconsejable. En situaciones de urgencia como ésta hay que aplicar un poco de pausa (aquel dicho castellano de “vísteme despacio que tengo prisa“). En momento de caos es imprescindible la perspectiva. Es la única forma de elaborar una planificación básica. Y por supuesto, aplicar método. Huir de improvisaciones. Seguir la metodología de desarrollo de proyectos que nos ha dado tan buen resultado en los últimos años. Planificar, hacer, medir y comparar, y finalmente rectificar lo mejorable.

En resumen, en momentos de caos hay que aplicar una fórmula sencilla: perspectiva + planificación + método.

¿Es necesario integrar al nuevo trabajador?

CraigTaylor1974 desde Flickr

En el trabajo hemos constituído un grupo que lleva trabajando varias semanas con el objetivo de elaborar un Plan de Acogida al trabajador de nueva incorporación.

Son muchos los argumentos que ayudan a justificar la existencia de este Plan y el desarrollo prioritario de este proyecto. Uno de ellos es la dispersión geográfica de los puestos de trabajo que caracteriza a mi empresa en mi zona. Otra razón es la de que el documento de acogida formará parte del futuro Plan de Comunicación Interna que también estamos comenzando a elaborar y que desarrollaremos de forma simultánea. Otra, la gran variabilidad en práctica de las tareas de los puestos de trabajo provocada por las características del entorno en donde se desarrollan.

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