Mi nueva rutina diaria

Profundizar en el conocimiento del modelo GTD permite la posibilidad de implementación de nuevos hábitos, que por una parte mejoran la adaptación del sistema permitiendo un conocimiento de más detalle, y por otra parte despeja horizontes para permitir introducir aportaciones que, aunque incumplan los límites de la más arraigada ortodoxia getediana, facilitan la interiorización de hábitos y mejoran los resultados.

Hace unas semanas expliqué por aquí el sistema de enfoque diario que he utilizado durante mucho tiempo  y la forma de llevarlo a la práctica. No obstante, ahora que conozco mejor la filosofía y la sistemática del modelo, me he atrevido a introducir adaptaciones que me ayudan a una mayor integración del mismo y a una mejor maridaje con el software sobre el que me apoyo.
Las novedades introducidas están estrechamente relacionadas con el abordaje diario de las tareas pendientes. Lo que podría denominarse la “Revisión diaria”.

La rutina es bien sencilla y persigue unos objetivos muy concretos: comenzar el día realizando un enfoque sobre lo que debo hacer y lo que tengo que hacer. Los pasos que sigo son éstos:

1. Consulto la agenda del día. Aunque no tengamos demasiados compromisos para agendar, es un acto que debemos incluir en nuestra rutina para evitar olvidos imperdonables.

2. Consulto en mi sistema GTD las actividades programadas que me he planificado para hoy. Reviso detenidamente las del día, pero también observo las previstas para mañana. Podría suceder que de un plumazo aproveche una buena ocasión y pueda adelantar trabajo.

3. Compruebo las Acciones siguientes. A este apartado le dedico unos minutos. Sistematizo la revisión de estas acciones siguiendo un patrón. a] En primer lugar me centro en las acciones filtradas por tres contextos: @despacho (a realizar en mi jornada laboral), @casa (actividades que tengo reservadas para la tarde, en casa) y @salir (para realizar en el trayecto al trabajo, o en alguna salida más tarde).
b] Consulto posteriormente las acciones que tengo -En espera. Repaso todo aquello que deben realizar otros que me permitirá a mí seguir avanzando en proyectos. Si es necesario envío algún recordatorio.
c] Finalmente repaso las listas de proyectos, pero no la lista de todos los proyectos activos que tengo, sino de aquellos que durante la última Revisión semanal los he resaltado como importantes para estos días, sobre los que debo trabajar, los que tengo que hacer avanzar. No son más de 4-5 proyectos que me encargo de repasar diariamente como método de seguridad para confirmar que estoy trabajando en ellos y centrar mis esfuerzos del día en insistir por esta vía.

Todo este trabajo no me lleva más de 5 minutos. Por supuesto sigo elaborando mi minilista de “Acciones Muy Importantes”, que elaboro mientras me instalo en el despacho y una vez que tengo claro a qué dedicaré el día.

Todo ello me permite comenzar la jornada de trabajo completamente enfocado, sabiendo cuales son las actividades más importantes que debo emprender, sobre qué proyectos tengo que emplearme más a fondo y qué citas tengo concertadas para el día.

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Productividad en twitter

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Mi carpetas de proyectos

folderSoy un apasionado de la virtualización de documentos. No es este el lugar ni el momento para hacer una apología de la digitalización y de las muchos e importantes beneficios que aporta, pero yo le saco un gran partido y me gustaría compartir mi sistema de organización de carpetas de proyectos.

Una de las conscuencias prácticas de ese convencimiento es el hecho de que prácticamente no manejo documentos en papel cuando trabajo en algún proyecto, o mejor, no guardo prácticamente ningún documento en papel como apoyo o archivo de los proyectos.

Y no es porque los destruya o porque me resista a leer en formato papel, sino porque si encuentro un documento que quiera conservar o consultar posteriormente como documento de apoyo, lo virtualizo o lo escaneo.

Esto provoca que toda la documentación y archivos derivados del trabajo en cualquier proyecto los guarde en una simple carpeta virtual que alojo en mi pentdrive (es cierto que seguramente no es el mejor lugar para guardar ducomentos preciados, pero eso es tema para desarrollar en otro post)
Lo cierto es que me preocupo por tener todo el material generado en un solo carpeta. Evidentemente la nombro con la denominación del proyecto y en ella incluyo varias subcarpetas. He dicidido que no quiero generar una profundidad de archivos importante, por lo que limito el número de subcarpetas.

La carpeta de cualquier proyecto suele contener 3 ó 4 subcarpetas, que son: “Documentos de apoyo”, “Reuniones” (actas, orden del día,…), “Mapas mentales”, y alguna otra en función del tipo de proyecto.

En ellas incluyo toda la documentación que, en algún caso, pueden llegar a ser hasta decenas de archivos y documentos.

Por otra parte tengo la costumbre de no eliminar la carpeta de cualquier proyecto ya finalizado. La conservo intacta, tal cual la dejé el úlitmo día que trabajé con ella.
Para permitir cierto orden he generado tres grandes carpetas:

  1. Proyectos futuros”, en donde guardo carpetas de proyectos que aún no toca desarrollar, pero de las que ya he acumulado alguna documentación o elaborado algún mapa mental como tormenta de ideas.
  2. Proyectos activos”; aquí alojo todos los proyectos en los que estoy trabajando en este momento (entre 15 y 20). Ni qué decir tiene, que es una carpeta visitada y consultada constantemente.
  3. Proyectos terminados”. Aquí es donde guardo las carpetas de los proyectos que ya di por finalizados (en este momento puede contener aproximadamente 50 carpetas)

Aunque aparentemente esta última carpeta puede parecer una zona no frecuentada, no es así. Recurro con muchísima regularidad a su consulta o busco algún documento antiguo que me ayudó en su momento. Es un repositorio excepcional, no sólo de documentación de consulta, sino también de experiencias pasadas y que visito con relativa frecuencia.

El eslabón más débil de mi GTD

eslabon debilEl flujo de trabajo en GTD incluye cinco fases (recopilar, procesar, organizar, revisar, hacer) y todas ellas es necesario realizarlas con una intensidad y habilidad parecidas. La eficacia del sistema es directamente proporcional a la coherencia con la que desarrollemos todos y cada uno de los pasos.

Cuando una fase no es desarrollada correctamente el conjunto queda seriamente dañado. Podemos recopilar y procesar perfectamente, con pericia y un control total sobre esas fases, pero si fallamos en el desarrollo de los siguientes pasos serán valdíos, o al menos no tendrán la eficacia que se espera de ellos.

La sistema es tan débil (o tan fuerte) como débil es el paso que menos dominemos.
Es necesario, por tanto, practicar buscando el equilibrio.

En mi caso personal, cometo muchos errores. Algunos de los cuales son:

Recopilar. Creo que lo hago de forma correcta. Descubrí que tenía demasiadas bandejas de entrada (sobre todo virtuales) y las reduje drásticamente. Supongo que aún debo esforzarme más, puesto que intento disponer de una por cada situación o entorno en el que me encuentre. Como digo, y aunque estoy en proceso de racionalización, las tengo bien controladas.

Procesar. Uno de mis fallos es el de intentar procesar al tiempo que recopilo. Es una tentación hacerque cualquier tarea que entra en mi sistema rápidamente sea ubicada en el sitio que yo considero que le corresponde y con las características que considero que debe tener. Intento corregirlo. No obstante, salvando este detalle, creo que con la herramienta informática que utilizo este paso lo hago rápido y sencillo. Estoy satisfecho con él.

Organizar. Aquí tengo todavía que mejorar. No encuentro la forma de ordenar (organizar) las diferentes tareas o proyectos una vez que han sido colocadas en el sistema. Reencontrar una mejor ubicación en función de criterios variados (lo primero que debería hacer es establecer claramente esos criterios, por lo que es posible que este punto esté muy relacionado con la mejora de la planificación vertical) es uno de mis grandes déficits.

Revisar. Decía David Aguayo (Du tudú) que para los que todavía no tenemos interiorizado el 100 por 100 del sistema, nos cuesta muchísimo proceder a la revisión del mismo (sobre todo a la Semanal). Bien es cierto que una vez que hemos superado la pereza inicial y estamos inmersos y concentrados en esta fase, nos sentimos mucho mejor puesto que sentimos que el control va aumentando y que diferentes detalles que hasta ahora habíamos desatendido están perfectamente controlados. Por lo tanto, mi gran objetivo en esta fase es sistematizar la Revisión Semanal e integrarla en mi rutina habitual.

Hacer. Pues parece mentira, pero aquí fallamos muchos de los practicantes de GTD. Parece mentira que después de haber realizado todos los anteriores pasos o fases (con mejor o peor resultado, con mejor o peor acierto, pero dedicándole tiempo y esfuerzo a cada una de ellas) no sepamos hacer lo que hemos previsto hacer. Al menos a mí me pasa. Tengo una serie de tareas a las que les adjudico un fecha final puesto que considero que debo terminarlas en ese período (no las coloco en el calendario puesto que no disponen de fecha y hora concretas). Pues bien, mi objetivo diario es realizar esas tareas que tienen fecha de caducidad del día de hoy; pero olvido el resto de tareas. Concentro todos mis esfuerzos en realizar las que tengo previstas para hoy, o en el mejor de los casos, intento comenzar alguna prevista para mañana, pero desatiendo el resto. Con lo que mi relación de Próximas acciones ordenadas por contextos va aumentando día a día. Cuando soy consciente de esta actitud tan reactiva pongo empeño en ir eliminando algunas de ellas, pero con desorden y sin control. No las realizo en función del contexto o el grado de concentración necesario, a pesar de estar procesadas de esta forma. Creo que de todos mis eslabones que componen la cadena de práctica GTD, para mí éste es el más debil de todos.

En fin, creo que dar publicidad a los déficits de mi desarrollo de GTD (mis eslabones más débiles) no sólo me permitirá ayudar a otros que se encuentren en situaciones parecidas a las que cuento aquí, sino que me ayudan a mí personalmente a verbalizar y ser consciente de las mejoras que debo introducir.

Métodos productivos versus Trucos productivos

controlHace unos días, charlando con un compañero sobre GTD, me decía que él también utiliza diferentes sistemas productivos. Según decía, tiene un sistema para las reuniones de trabajo, otro sistema para gestionar el correo electrónico, otro sistema para la gestión de emergencias,…

Eso que muchos consideran un “método” productivo, no es más que una colección de trucos creados en base a la aplicación del antiguo formato de ensayo-error. Trucos que permiten aliviar los flujos de trabajo, las situaciones puntuales o la acumulación de mensajes en el mail.

Y no puedo negar que en algún caso (y en circunstancias puntuales) no sean actitudes productivas. Pero un método de mejora productiva es otra cosa bien distinta. Un método productivo busca la eficiencia a través de la coherencia entre las distintas y diferentes situaciones en las que nos encontremos.

Un método se puede aplicar con igual intensidad en cualquier contexto o posición en la que nos hallemos, que colabora a mejorar nuestra organización y eleva la productividad personal. Por ello, la dificultad de su aplicación es mucho mayor que la de repetir sistemáticamente trucos aprendidos.

Uno de los pilares fundamentales para implantar con éxito un método productivo es interiorizar la necesidad de planificar, organizar y hacer todas aquellas acciones que se alinean con nuestros objetivos vitales (personal y profesionales).

¿Eres de los que utilizan método o sistema productivo? ¿o prefieres trucos puntuales?

Mi Recopilación según GTD

NotasPara la mayoría de practicantes de GTD el proceso de Recopilación es clave. Para mí, es una fase crítica junto con la de Revisión. Si no recopilamos correctamente todas las tareas pendientes, no podremos posteriormente Procesar, Organizar ni Hacer esas mismas tareas.

Es como iniciar la implantación del modelo con buen pie. Es el primer paso que hay que dar de forma sólida, contundente y rotunda. La Recopilación debe ser ejecutada siendo fiel a la más pura ortodoxia getediana.

Algunos detalles que a mí me sirven para Recopilar:

  • Debe realizarse en el mismo momento en el que surge la idea, la tarea, el recordatorio,… No puede posponerse puesto que es muy problable que lo olvide, o lo deforme.
  • Tengo que evitar interrupciones en ese momento. Cuando me asalta la idea o el recuerdo no permito que otra idea, comentario, acto,… me despiste.
  • El texto recopilatorio debe ser breve puesto que pretendo coger “al vuelo” la idea. Tengo que invertir el menor tiempo posible en su captura. Si estoy concentrado realizando una tarea, no puedo interrumpirla durante mucho tiempo. Capturo la idea en unos segundo y vuelvo al estado de concentración previo.
  • Debe ser capturado con concreción, huyendo de frases vagas. Intento evitar dudas posteriores, que me abordarán en el acto de procesar, cuando no termine de recordar con exactitud que era lo que quería recoger.
  • Por ello, la redacción debe ser lo suficientemente extensa como para capturar los detalles que considero importantes.
  • Intento añadir apoyos y referencias. Una url, un título de un libro o artículo o un número de teléfono me ayuda posteriormente y me ahorra tiempo puesto que, de otra forma, debería proceder previamente a la búsqueda de dicha referencia.
  • Finalmente, no diferencio entre contextos vitales. No distingo si lo recopilado corresponde al aspecto profesional o, por el contrario, tiene que ver con mi ámbito familiar o personal. Excepto en algunas situaciones muy claras, creo que tampoco sabría diferenciarlos.

No es lo mismo recopilar esto:

a] “Llamar a Lorenzo-web”

que esto:

b] “Llamar a Lorenzo para pedirle más información sobre el diseño de la web y posibles problemas de alojamiento. 606234567”

Es cierto que le dedico más tiempo a redactar la captura de la opción b), pero la inversión es mínima y me permitirá posteriormente definir más facilmente las acciones a llevar a cabo y ahorraré tiempo y esfuerzo.

Productividad offline

internet¿Están sobrevaloradas las herramientas virtuales de comunicación? En este mundo de la maximización de la productividad, ¿debemos utilizar de forma intensiva herramientas como el correo electrónico, redes sociales, Skype,…? ¿Dónde quedan los espacios para la reflexión, para el trabajo detenido y concentrado, para la planificación sin condicionantes? GTD (y otros sistemas de productividad personal) se basan principalmente en conjugar el verbo “hacer”, pero se nos olvida que para poder llegar a ese nivel de ejecución es necesario previamente la planificación. Es cierto que no todo lo que se hace necesita ser previamente planificado. Jerónimo Sánchez @jeronimosanchez, seguidor, practicante y gurú de GTD, divide muy acertadamente los proyectos a realizar en dos grupos: los “autogestionados” y los “formales”.

  1. Los autogestionados son aquellos que no necesitan ser elaborados concienzudamente. La acciones próximas se suceden una a otra de forma intuitiva. Por ejemplo: llevar el coche al taller para el mantenimiento periódico. No es necesario desarrollar el proyecto en acciones porque una vez iniciada la primera, la secuencia y el orden de las mismas es único. (1] llamar al taller para reservar hora, 2] agendar la cita, 3] llevar al taller el vehículo, 4] concertar día y hora de recogida, 5] agendar fecha de recogida, 6] retirar el coche del taller).
  2. Los “formales” requieren ser planificados siguiendo la metodología más ortodoxa de la planificación natural. Es decir, 1] Definir propósitos y principios, 2] visualizar los resultados esperados, 3] Provocar una tormenta de ideas sobre las particularidades y fases que hay que completar, 4] Organizar estas ideas de forma racional y lógica, 5] identificar las acciones que tenemos que llevar a la práctica. Finalmente trasladar esas acciones a nuestro sistema de gestión GTD para ser realizadas.

Por lo tanto, los proyectos formales necesitan ser meditados, planificados, elaborados,… Necesitan diseño. Las herramientas virtuales de comunicación pueden (o deben) ser utilizadas a la hora de llevar a cabo las acciones finales, pero deben estar completamente desconectadas en las primera y determinante fase de planificación, para ayudar a la concentración, la reflexión y el análisis. Para GTD es muy importante (al menos a mí me lo parece) las herramientas 2.0, las conexiones virtuales, permanecer on-line,… pero también es necesario los momentos de impás, los momentos off-line, de meditación y reflexión.

Prioridades

Uno de los grandes déficits de la mayoría de los sistemas de productividad personal es el concepto de Prioridad, ya que utilizan este criterio de una forma reactiva y no proactiva como sí lo hace GTD.

Hasta hace poco yo aplicaba el criterio de Prioridad como sinónimo de urgencia. Una tarea era prioritaria si era urgente su realización. Un proyecto pasaba a ser prioritario si era urgente su finalización.

De esta forma, la Prioridad deja de ser una forma de selección proactiva de tareas a realizar. Es justo lo contrario. Decidimos reaccionar y calificar como preferente una acción cuando ya es demasiado tarde para realizarla con mesura y tranquilidad. La marcamos como prioritaria cuando hay que terminarla cuanto antes. ¿Existe una actitud más reactiva que ésta?.

Incluso en algunas aplicaciones ideadas para ayudarnos a ser productivos, como el caso de Remember the Milk (RTM), fijan hasta tres niveles de prioridad, en función siempre del nivel de urgencia. Ese es uno de los grandes defectos que yo siempre he encontrado a esta aplicación.

Pero por si fuera poco, las prioridades basadas en las urgencias son inestables. Hoy puedo tener emergencia por terminar un proyecto, pero es posible que mañana tal proyecto pase a un segundo nivel de urgencia porque existe otro que ha debutado con algún fleco no controlado y que ha pasado a ocupar la primera posición en el ranking.

Sin embargo, GTD utiliza otros criterios distintos a la urgencia para trazar las prioridades. Principalmente usa los contextos. Se podrán abordar tareas en función del lugar y situación en el que nos encontremos.

En GTD lo importante es el aprovechamiento racional de los tiempos. Soy productivo si hago cosas que me acercan a mis objetivos. Si además soy proactivo y preveo con antelación el camino de debo recorrer, tengo espacios para ir completando acciones en función a] del lugar en donde me encuentre, b] las herramientas o accesorios que pueda encontrar a mano, c] el tiempo de que disponga y d] la capacidad de concentración o de esfuerzo de que me sienta capaz en ese momento.

Aquí las cosas dejan de ser urgentes para hacerse, sin más. Aprovechar el tiempo, hacer la acción que pueda hacer y no empeñarme a llevar a cabo tareas que, o no puedo desarrollar ahora, o no puedo realizarlas correctamente.

Sobre los funcionarios

Es inevitable hacer mención al post de Davir R. Jordán sobre lo injusto de los recortes que estamos sufriendo (y sufriremos) los que nos dedicamos a esto de la función pública (que no es otra cosa que el Servicio Público). Nos sentimos como él, pensamos como él. Al mismo tiempo me ha llegado una carta abierta de Francisco J. Bastida, Catedrático de Derecho Constitucional, que me parece que explica muy bien el objetivo último de quienes toman estas medidas.

He enlazado la entrada de David y transcribo más abajo la carta de Francisco J. Bastida.

SOBRE LOS FUNCIONARIOS

Con el funcionariado está sucediendo lo mismo que con la crisis económica. Las víctimas son presentadas como culpables y los auténticos culpables se valen de su poder para desviar responsabilidades, metiéndoles mano al bolsillo y al horario laboral de quienes inútilmente proclaman su inocencia. Aquí, con el agravante de que al ser unas víctimas selectivas, personas que trabajan para la Administración pública, el resto de la sociedad también las pone en el punto de mira, como parte de la deuda que se le ha venido encima y no como una parte más de quienes sufren la crisis. La bajada salarial y el incremento de jornada de los funcionarios se aplauden de manera inmisericorde, con la satisfecha sonrisa de los gobernantes por ver ratificada su decisión.

Detrás de todo ello hay una ignorancia supina del origen del funcionariado. Se envidia de su status —y por eso se critica— la estabilidad que ofrece en el empleo, lo cual en tiempos de paro y de precariedad laboral es comprensible; pero esta permanencia tiene su razón de ser en la garantía de independencia de la Administración respecto de quien gobierne en cada momento; una garantía que es clave en el Estado de derecho. En coherencia, se establece constitucionalmente la igualdad de acceso a la función pública, conforme al mérito y a la capacidad de los concursantes. La expresión de ganar una plaza «en propiedad» responde a la idea de que al funcionario no se le puede «expropiar» o privar de su empleo público, sino en los casos legalmente previstos y nunca por capricho del político de turno. Cierto que no pocos funcionarios consideran esa «propiedad» en términos patrimoniales y no funcionales y se apoyan en ella para un escaso rendimiento laboral, a veces con el beneplácito sindical; pero esto es corregible mediante la inspección, sin tener que alterar aquella garantía del Estado de derecho.

Los que más contribuyen al desprecio de la profesionalidad del funcionariado son los políticos cuando acceden al poder. Están tan acostumbrados a medrar en el partido a base de lealtades y sumisiones personales, que cuando llegan a gobernar no se fían de los funcionarios que se encuentran. Con frecuencia los ven como un obstáculo a sus decisiones, como burócratas que ponen objeciones y controles legales a quienes piensan que no deberían tener límites por ser representantes de la soberanía popular. En caso de conflicto, la lealtad del funcionario a la ley y a su función pública llega a interpretarse por el gobernante como una deslealtad personal hacia él e incluso como una oculta estrategia al servicio de la oposición.

Para evitar tal escollo han surgido, cada vez en mayor número, los cargos de confianza al margen de la Administración y de sus tablas salariales; también se ha provocado una hipertrofia de cargos de libre designación entre funcionarios, lo que ha suscitado entre éstos un interés en alinearse políticamente para acceder a puestos relevantes, que luego tendrán como premio una consolidación del complemento salarial de alto cargo. El deseo de crear un funcionariado afín ha conducido a la intromisión directa o indirecta de los gobernantes en procesos de selección de funcionarios, influyendo en la convocatoria de plazas, la definición de sus perfiles y temarios e incluso en la composición de los tribunales. Este modo clientelar de entender la Administración, en sí mismo una corrupción, tiene mucho que ver con la corrupción económico-política conocida y con el fallo en los controles para atajarla.

Estos gobernantes de todos los colores políticos, pero sobre todo los que se tildan de liberales, son los que, tras la perversión causada por ellos mismos en la función pública, arremeten contra la tropa funcionarial, sea personal sanitario, docente o puramente administrativo. Si la crisis es general, no es comprensible que se rebaje el sueldo sólo a los funcionarios y, si lo que se quiere es gravar a los que tienen un empleo, debería ser una medida general para todos los que perciben rentas por el trabajo sean de fuente pública o privada. Con todo, lo más sangrante no es el recorte económico en el salario del funcionario, sino el insulto personal a su dignidad. Pretender que trabaje media hora más al día no resuelve ningún problema básico ni ahorra puestos de trabajo, pero sirve para señalarle como persona poco productiva.

Reducir los llamados «moscosos» o días de libre disposición —que nacieron en parte como un complemento salarial en especie ante la pérdida de poder adquisitivo— no alivia en nada a la Administración, ya que jamás se ha contratado a una persona para sustituir a quien disfruta de esos días, pues se reparte el trabajo entre los compañeros. La medida sólo sirve para crispar y desmotivar a un personal que, además de ver cómo se le rebaja su sueldo, tiene que soportar que los gobernantes lo estigmaticen como una carga para salir de la crisis. Pura demagogia para dividir a los paganos.

En contraste, los políticos en el poder no renuncian a sus asesores ni a ninguno de sus generosos y múltiples emolumentos y prebendas, que en la mayoría de los casos jamás tendrían ni en la Administración ni en la empresa privada si sólo se valorasen su mérito y capacidad. Y lo grave es que no hay propósito de enmienda. No se engañen, la crisis no ha corregido los malos hábitos; todo lo más, los ha frenado por falta de financiación o, simplemente, ha forzado a practicarlos de manera más discreta.

Francisco J. Bastida.

Catedrático de Derecho Constitucional

La motivación y los motivos

Hubo una época en la que estaba convencido de poder desentrañar los entresijos que fomentan la motivación personal (principalmente en el aspecto profesional). Creía que podría llegar a descubrir los mecanismos ocultos que me permitiría, no sólo estimular la motivación en mi persona, sino también en los que me rodean. ¿Cómo hacer para transmitir a mis compañeros los estímulos que yo poseo para realizar mi trabajo?.

Después llegó la fase de descreimiento y descubrí que alentar a la motivación es una ilusión irrealizable, que nadie termina de encontrar el sistema que genera esos estímulos y, por tanto, nadie puede reproducirlos voluntariamente.

La motivación no está directamente relacionada con el ánimo (he aquí la clave a través de la cual muchos intentan manejarla), sino con los motivos. Existe motivación si tenemos motivos para realizar una tarea o abordar un proyecto. Si los motivos son poco atractivos, si no somos capaces que generarnos nosotros mismos dichos motivos, la motivación no da señales de vida.

Y hay motivación si hay objetivos, o mejor, si se van cumpliendo los objetivos intermedios propuestos. Si las pequeñas metas que nos hemos fijados las vamos consiguiendo nos vamos motivando para seguir adelante, en busca de metas más altas, más ambiciosas.

Para mí, las dos claves de la motivación son: 1) los motivos que tenemos para emprender una tarea, y 2) el establecimiento (y consecución) de objetivos intermedios realistas y realizables.

Por todo ello es tan complejo determinar los puntos sobre los que actuar para estimular la motivación. Depende de cada ser humano, sus expectativas, su objetivos, sus motivos; y de las circunstancias que le rodean, del contexto en el que se desenvuelve.

Es mucho más sencillo que lo que los tratados de psicología y de ingenieria del comportamiento se empeñan en transmitir.