7 capacidades que debe tener todo emprendedor

7capacidades

Emprender

Emprender es un término de moda. Existe quienes ya están cansados de que la palabreja se encuentre incrustada en prácticamente todas las frases que pretenden incitar a realizar algo novedoso y/o arriesgado. El diccionario de la RAE  dice que:

emprendedor es aquel atrevido que comienza una obra o negocio, especialmente si éste encierra dificultad o peligro

Es decir, que la acción de emprender lleva implícita una carga de riesgo que todo aquel que se atreve a iniciar debe asumir.

En el contexto de crisis actual el emprendimiento o emprendizaje se relaciona con el inicio de una actividad empresarial a pequeña escala. En este sentido, emprender es sinónimo de pequeño empresario.

No obstante, la capacidad para emprender no puede circunscribirse exclusivamente al inicio de una actividad empresarial que lleva implícito un riesgo o dificultad inicial, sino que puede aplicarse también a todos aquellos que, en el ámbito profesional estable, se atreven a asumir esas dificultades y riesgos en lo que puede denominarse un intraemprendimiento, es decir en un emprendimiento en el interior de su propia empresa o entorno laboral.

Sigue leyendo… tag_move

Anuncios

Sobre los funcionarios

Es inevitable hacer mención al post de Davir R. Jordán sobre lo injusto de los recortes que estamos sufriendo (y sufriremos) los que nos dedicamos a esto de la función pública (que no es otra cosa que el Servicio Público). Nos sentimos como él, pensamos como él. Al mismo tiempo me ha llegado una carta abierta de Francisco J. Bastida, Catedrático de Derecho Constitucional, que me parece que explica muy bien el objetivo último de quienes toman estas medidas.

He enlazado la entrada de David y transcribo más abajo la carta de Francisco J. Bastida.

SOBRE LOS FUNCIONARIOS

Con el funcionariado está sucediendo lo mismo que con la crisis económica. Las víctimas son presentadas como culpables y los auténticos culpables se valen de su poder para desviar responsabilidades, metiéndoles mano al bolsillo y al horario laboral de quienes inútilmente proclaman su inocencia. Aquí, con el agravante de que al ser unas víctimas selectivas, personas que trabajan para la Administración pública, el resto de la sociedad también las pone en el punto de mira, como parte de la deuda que se le ha venido encima y no como una parte más de quienes sufren la crisis. La bajada salarial y el incremento de jornada de los funcionarios se aplauden de manera inmisericorde, con la satisfecha sonrisa de los gobernantes por ver ratificada su decisión.

Detrás de todo ello hay una ignorancia supina del origen del funcionariado. Se envidia de su status —y por eso se critica— la estabilidad que ofrece en el empleo, lo cual en tiempos de paro y de precariedad laboral es comprensible; pero esta permanencia tiene su razón de ser en la garantía de independencia de la Administración respecto de quien gobierne en cada momento; una garantía que es clave en el Estado de derecho. En coherencia, se establece constitucionalmente la igualdad de acceso a la función pública, conforme al mérito y a la capacidad de los concursantes. La expresión de ganar una plaza «en propiedad» responde a la idea de que al funcionario no se le puede «expropiar» o privar de su empleo público, sino en los casos legalmente previstos y nunca por capricho del político de turno. Cierto que no pocos funcionarios consideran esa «propiedad» en términos patrimoniales y no funcionales y se apoyan en ella para un escaso rendimiento laboral, a veces con el beneplácito sindical; pero esto es corregible mediante la inspección, sin tener que alterar aquella garantía del Estado de derecho.

Los que más contribuyen al desprecio de la profesionalidad del funcionariado son los políticos cuando acceden al poder. Están tan acostumbrados a medrar en el partido a base de lealtades y sumisiones personales, que cuando llegan a gobernar no se fían de los funcionarios que se encuentran. Con frecuencia los ven como un obstáculo a sus decisiones, como burócratas que ponen objeciones y controles legales a quienes piensan que no deberían tener límites por ser representantes de la soberanía popular. En caso de conflicto, la lealtad del funcionario a la ley y a su función pública llega a interpretarse por el gobernante como una deslealtad personal hacia él e incluso como una oculta estrategia al servicio de la oposición.

Para evitar tal escollo han surgido, cada vez en mayor número, los cargos de confianza al margen de la Administración y de sus tablas salariales; también se ha provocado una hipertrofia de cargos de libre designación entre funcionarios, lo que ha suscitado entre éstos un interés en alinearse políticamente para acceder a puestos relevantes, que luego tendrán como premio una consolidación del complemento salarial de alto cargo. El deseo de crear un funcionariado afín ha conducido a la intromisión directa o indirecta de los gobernantes en procesos de selección de funcionarios, influyendo en la convocatoria de plazas, la definición de sus perfiles y temarios e incluso en la composición de los tribunales. Este modo clientelar de entender la Administración, en sí mismo una corrupción, tiene mucho que ver con la corrupción económico-política conocida y con el fallo en los controles para atajarla.

Estos gobernantes de todos los colores políticos, pero sobre todo los que se tildan de liberales, son los que, tras la perversión causada por ellos mismos en la función pública, arremeten contra la tropa funcionarial, sea personal sanitario, docente o puramente administrativo. Si la crisis es general, no es comprensible que se rebaje el sueldo sólo a los funcionarios y, si lo que se quiere es gravar a los que tienen un empleo, debería ser una medida general para todos los que perciben rentas por el trabajo sean de fuente pública o privada. Con todo, lo más sangrante no es el recorte económico en el salario del funcionario, sino el insulto personal a su dignidad. Pretender que trabaje media hora más al día no resuelve ningún problema básico ni ahorra puestos de trabajo, pero sirve para señalarle como persona poco productiva.

Reducir los llamados «moscosos» o días de libre disposición —que nacieron en parte como un complemento salarial en especie ante la pérdida de poder adquisitivo— no alivia en nada a la Administración, ya que jamás se ha contratado a una persona para sustituir a quien disfruta de esos días, pues se reparte el trabajo entre los compañeros. La medida sólo sirve para crispar y desmotivar a un personal que, además de ver cómo se le rebaja su sueldo, tiene que soportar que los gobernantes lo estigmaticen como una carga para salir de la crisis. Pura demagogia para dividir a los paganos.

En contraste, los políticos en el poder no renuncian a sus asesores ni a ninguno de sus generosos y múltiples emolumentos y prebendas, que en la mayoría de los casos jamás tendrían ni en la Administración ni en la empresa privada si sólo se valorasen su mérito y capacidad. Y lo grave es que no hay propósito de enmienda. No se engañen, la crisis no ha corregido los malos hábitos; todo lo más, los ha frenado por falta de financiación o, simplemente, ha forzado a practicarlos de manera más discreta.

Francisco J. Bastida.

Catedrático de Derecho Constitucional

Prioridades en la gestión

Pensaba escribir un comentario en el post de Estefanía Serrano @estefansenlaredAhorrar en sanidad“, pero lo que me gustaría añadir es tan extenso que he preferido comentarlo a través de otro post (éste de aquí).

La gestión del cambio (y de eso se trata cuando se pretende modificar procedimientos de trabajo, sea con la finalidad que sea) es algo mucho más complejo que la simple percepción de alguien que “pasaba por allí”. Existen “evidencias” que no aguantan un mínimo análisis.

Ejercer una visión crítica desde fuera, (lo que vulgarmente se llama “ver los toros desde la barrera”) tiene de positivo que quien lo hace por primera vez es capaz de detectar procedimientos, rutinas, detalles que pasan desapercibidos para quienes los están practicando diariamente, que son lo suficientemente trascendentes como para tenerlos en cuenta si pretendemos racionalizar esfuerzos o gastos (o ambos). Pero tiene de negativo, que se realizan juicios de valor con poco fundamento, basándose en percepciones y aplicando referencias irreferenciables.

En el caso de la amiga de Estefanía, lo más eficaz hubiera sido contar con la visión de todos los afectados; y aquí habría que incluir no sólo a los trabajadores sanitarios que participan en ese proceso, sino a la de los propios pacientes (quien mejor que ellos para ofrecer el contrapunto a la de los sanitarios) y a la de los familiares de éstos, que también “sufren” las consecuencias de cualquier cambio.

El problema es que esta misma percepción la tienen nuevos directivos, recién aterrizados en las instituciones, con sustanciales espacios de decisión, que llegan, prejuzgan, ven las “evidencias”…. y se lanzan a tumba abierta a realizar cambios en aras de lógica de la racionalización de recursos públicos. Al final consiguen enfadar a trabajadores y usuarios, generar un disconfort evidente, pero eso si, ahorrar algún que otro euro. Por suerte, la amiga de Estefanía es informática (y no directivo) y llegó a la conclusión final (a la que no todos los directivos acaban llegando, o lo hacen demasiado tarde) de que no todo lo que en principio parece evidente acaba siéndolo.

¿Compensa el ahorro conseguido con el disconfort generado? En un servicio público ¿hay que medir la eficiencia exclusivamente en euros?

Es cuestión de prioridades y me temo que las de los gestores de mi actual sanidad pública no coinciden con las mías.

Innovación pública, inercias y Maslow

Que son malos tiempos para la innovación, creo que hay duda de ello. Decía Maslow en su famosa teoría que mientras no tengamos resueltos las necesidades más primarias no podemos estar preocupados por expectativas mas elevadas. Y hoy por hoy, asegurar unas condiciones dignas de trabajo es una necesidad primaria para muchos trabajadores públicos; y, por tanto, preocuparse de innovar, proponer, mejorar la calidad de servicios,… son expectativas elevadas.

Romper inercias en la innovación pública es la tarea más complicada. Esas barreras que tanto los ajenos como los propios se obstinan en mantener y reforzar. Los ajenos (las direcciones) por la seguridad que reporta utilizar procesos, procedimientos y herramientas que conocen y controlan; y los propios (trabajadores) porque realizar tareas que traspasan su zona de confort supone un vértigo que no están dispuestos a experimentar.

Leo (y me gusta) la propuesta que hace Andrés Nin en su blog sobre cómo implantar una cultura para la innovación en las aapp. Pero, ¿se han tenido en cuenta las inercias? ¿se ha reparado en que, por un lado el control y la seguridad que buscan los jerarcas, y por otro las zonas de confort que los trabajadores no están dispuestos a abandonar, ejercen una fuerza centrípeta que es muy difícil vencer?

Sólo se me ocurre oponer a ésta fuerza otra centrífuga alimentada de ilusión, de ganas de mejorar, de redescubrir, de experimentar…

Estimular la innovación intra-Administración

¿Está la Administración pública preparada para crear ambientes y entornos para estimular la innovación? ¿Cree la Administración en la innovación como herramienta para autoregenerarse y evolucionar?

Pasos a seguir para implantar entornos innovadores en las Administraciones Públicas:

Encontrar los “POR QUÉ”

  • ¿Por qué las aapp deben innovar?
  • ¿Por qué es necesario inventar, indagar, investigar, arriesgar?

Averiguar los “PARA QUÉ”

  • ¿Para qué es necesario invertir en innovación?
  • ¿Para qué dedicar esfuerzos?
  • ¿Para qué dedicar recursos?

Crear los “CÓMO”

  • ¿Cómo convencer a los estamentos más estáticos y conservadores?
  • ¿Cómo modificar inercias pasadas?
  • ¿Cómo estimular a los trabajadores?
  • ¿Cómo crear ambientes y entornos?

Dejar que se autoelijan los “QUIÉN”

  • ¿Quién puede innovar?
  • ¿Quién puede participar?
  • ¿Quién debe impulsar?

Entre todos decidir los “QUÉ”

  • ¿Qué herramientas podemos utilizar?
  • ¿Qué entornos es necesario potenciar?

Líneas de meta en INprendedores públicos

metaEstos últimos días offline me han permitido aplicar mucha perspectiva a los acontecimientos que están orbitando en las últimas semanas alrededor de mi entorno más cercano. Uno de los que más me están ocupando y preocupando últimamente es el proyecto de INprendedores Públicos (tal y como se puede constatar con las últimas entradas de este sitio).

Me preocupa la pasividad del grupo que nos estamos dando cita en LinkedIN. Se supone que es un grupo compuesto por individuos motivados, que accedemos voluntariamente a él, que tenemos voluntad de participar y aportar,… Pero la realidad es bien distinta. Reina la pasividad, o la actitud expectante, o la inactividad improductiva,…

Posiblemente lo que está sucediendo en este grupo es un claro reflejo de la dura realidad que vivimos (y sufrimos) en la administración pública. Ambigüedad, falta de compromiso, falta de convicción en lo que se hace, o por los motivos por los que se hace.

¿Puedo hacer algo por mejorar esta situación? ¿Realmente es útil y necesaria mi participación? Si somos capaces de formularnos estas preguntas (u otras parecidas) es que la situación no depende de circunstancias ajenas a nosotros, sino del compromiso que queramos asumir con esas circunstancias.

Si la respuesta es un si rotundo (o al menos un si convencido), es que ha llegado el momento de la acción, del comportamiento proactivo, evitando la pasividad y la actitud expectante. “A ver que sale de todo esto y después decido si me implico y participo”, es lo que estamos pensando buena parte del casi medio centenar de miembros del grupo en LinkedIN.

¿O es que la propuesta que estamos planteando NO está suficientemente madura? ¿O es que las metas que nos hemos propuesto son excesivamente ambiciosas? ¿O es que estamos intentando tomar un atajo imposible con la finalidad de llegar de un salto, sin haber recorrido cada una de las etapas naturales que estamos obligados a ir cubriendo para asegurarnos unos cimientos sólidos?

¿Hay algo que podamos hacer para reconducir esta situación?

“Resulta prácticamente imposible motivar a alguien o a ti mismo para entrar en un juego que tiene una línea de meta de la cual no eres consciente” D. Allen.

Propuestas para un Manifiesto ágil de las AAPP

chalk_board.png Algunas propuestas a mano alzada para una Manifiesto ágil / simple de la Administración Pública:

  1. Estimular la interacción entre los profesionales, por encima de procesos y herramientas.
  2. Ofrecer un servicio público útil, eficaz y eficiente, por encima de burocracias y procedimientos
  3. Posibilitar la colaboración con el ciudadano, por encima de la relación unidireccional y las actitudes paternalistas.
  4. Potenciar la innovación, por encima de cumplimiento de planes estratégicos.

Vaciar la administración de burocracias y procedimientos inútiles. Potenciar la confianza y la interactividad. Facilitar la participación y la cogestión.

Ordenando ideas sobre el cambio en la Administración

acuerdoEstoy siguiendo con muchísima atención la evolución del grupo de INprendedores Públicos en los distintos ámbitos en los que se ha planteado el debate y me gustaría detenerme y observar con cierta perspectiva el camino que comienza a trazarse, sobre todo porque en estos primeros momentos adentrarse por la senda equivocada condicionará el futuro del grupo.

A modo de tormenta de ideas:

Manual de generación del cambio en aapp

No termino de estar de acuerdo con que la elaboración del futuro manual deba ser el primer objetivo a conseguir. Tengo la impresión que un documento de trabajo compartido y de consenso como éste debería ser el efecto de la causa y no la causa misma. Es decir, parece que nos hemos reunido para dar vida al manual, cuando realmente no es así. Nos hemos reunido para dar salida a una inquietud (que creo que es común) de generar el cambio, innovar, proponer una nueva administración. El manual debería ser, a mi modo de ver, una de las consecuencias de los debates y la puesta en común de nuestras personales visiones.

Tengo que reconocer que lo de desarrollar un manual tiene de positivo su concreción, se trata de algo tangible, un objetivo palpable y, a corto plazo, posible. Pero insisto en que me parece que estamos “poniendo el carro delante de los caballos”.

A pesar de todo ello, y puesto que considero que es importante buscar un objetivo común para conseguir una mínima cohesión del grupo, acepto que éste sea el primer proyecto en común.

Procedimiento de trabajo

En este momento, la propia dinámica de participación nos ha llevado a asumir un procedimiento de participación que puede ser el adecuado, pero según lo veo yo es este:

1. Debate inicial.

Hemos aceptado LinkedIN como foro de debate. Tiene de positivo que es un entorno muy visible, un buen escaparate en donde colocarse para facilitar el acceso. Y de negativo, que la herramienta de debate no es demasiado cómoda para la interacción.

2. Concreción de ideas.

David propone utilizar Debategraph. A mí me parece correcto, puesto que hasta ahora existía un vacío en esta fase de concreción. La wiki no es todo lo ágil que necesitamos para ir dando forma a lo sugerido en los debates.

3. Resultado final.

Una vez que se han producido los debates) y se han ordenado la ideas generadas en ellos, conviene ir dejando el resultado final en un repositorio en donde se le pueda dar la forma definitiva y que permita practicar la última fase del debate; y para eso tenemos la wiki.

Herramientas utilizadas

Por lo tanto, las herramientas que podemos utilizar son:

herramientas InPub
Contenido

En principio hemos aceptado movernos con dos objetivos:

1] el encuentro presencial

Falta por decidir dónde, cuándo y cómo. Para el “dónde” se barajan dos opciones concretas. Personalmente pienso que mayo está demasiado cerca (y octubre demasiado lejos). El “dónde” queda supeditado al “cuando”, por lo que no es tema de debate. El “cómo” (aunque parezca de perogrullo) creo que hay que madurarlo. Evidentemente debe ser presencial, pero podríamos valorar, por ejemplo, compartir en streaming para que quienes no puedan asistir se sientan cerca y co-partícipes, o grabar en video algunas intervenciones (sino todas) para documentar ese encuentro.

2] la elaboración del manual

Tenemos el título (“Ideas para la generación del cambio en las aapp”), pero nos falta el “qué”, y el “para qué”, al menos yo no lo tengo claro. Por otra parte, las propuestas sobre el debate están un poco difusas (a pesar del esfuerzo de @davidrjordan en el Debategraph)

Conclusión

Tengo la impresión que debemos definir mejor los objetivos para poder utilizarlos como estímulo. Creo que tenemos que madurar algo más lo relativo al manual antes de lanzarnos a decidir el contenido del mismo. Y por supuesto, es fundamental en esta fase inicial del proyecto la participación y aportaciones de todos.

Creatividad expansiva

Entre mis tareas pendientes de realizar y que voy completanto poco a poco, se encuentra la de poner un mínimo de orden en mi lector de feed, GReader, tan potente como visualmente poco atractivo (al menos para mí).

Guardé hace semanas una entrada que leí en el blog de @antoniogalindog, “Administración Local 2.0” y que me pareció tan suculenta que pensé que tenía que dedicarle un poquito más de tiempo puesto que tenía la sensación que podría sacarle mucho jugo.

Esta mañana, después del madrugón diario y cuando el café comienza a hacer efecto, me he puesto a la tarea de revisar las entradas marcadas como favoritas y he llegado a “La innovación ya no sólo es para profesionales”. Me venía “al pelo” por el paralelismo en tiempo y espacio con el proceso de INprendedores públicos que, como sabéis está comenzando a dar frutos.

He vuelto a ver con muchísima atención la intervención de Charles Leadbeater en el Tex del año… ¡¡2005!!. Como dice Antonio, posee un gran interés y una tremenda actualidad.

No quisiera repetir las grandes ideas que me he ido anotando durante la charla, puesto que muchas de ellas coinciden con las que Antonio ha resaltado en su post, pero si me gustaría profundizar sobre los grandes conceptos que intenta transmitir.

Las mayor parte de la innovación disruptiva es acumulativa y colaborativa. Las ideas nacen de quienes usan el producto o el servicio, que son quienes le encuentran el significado real de su existencia.

Las grandes organizaciones (y por supuesto aquí están incluidas las administraciones públicas) están hundidas en el pasado, preocupadas de reforzar éxitos antiguos y con un temor patológico a lo novedoso, a lo desconocido. Los nuevos territorios, los espacios para la innovación están reservados a usuarios (internos y externos) apasionados. Que hacen cosas e invierten tiempo y recursos propios. Con un alto nivel de exigencia, por lo que utilizan estándares de calidad muy altos. Que trabajan a placer, a su ritmo, sin imposiciones. Que adquieren competencias, que aprenden del resto de los miembros del grupo. Que utilizan tecnología de forma intensiva. Capaces de conectarse para desarrollar proyectos complejos juntos.

Lo que demuestra que una actitud proactiva de los usuarios finales, los convierte también en co-productores del servicio o producto resultante.

Y todo ello enmarcado en un modelo abierto de participación y gestión, que para ser efectivo tendría que cumplir unos requisitos básicos:

  • Crear una plataforma de acceso abierto
  • Generar unas reglas simples de participación y colaboración
  • Facilitar unas herramientas de trabajo
  • Orquestar la conversación.

Sorprendentemente, todo ello conforma un paisaje muy concreto. ¿No le encontráis similitudes a lo que se está construyendo en INprendedores Públicos?.

Curioso ¿no?.

Innovación: ¿podemos hacerlo mejor?

comentandoLlevo unos días dándole vueltas a como enriquecer la wiki de INprendedores públicos para impulsar, en la medida de mis posibilidades, el despegue final. Tengo claro que para que otros que comparten visión y valores se animen a opinar, comentar, proponer,… es necesario algún estímulo de peso, que contrarreste la tendencia a la pasividad, a leer y asimilar sin exponer.

El proyecto de conjuntar a un grupo heterogéneo de trabajadores públicos es innovador, la idea es innovadora y los fines merecen el esfuerzo.

Buscando en twitter algún asidero para anclar los argumentos que sirvan de acicate, me encuentro una bateria de joyas en forma de mensajes, cuyo significado encierran mucho más de lo que aparentemente muestran. Merece la pena resaltarlas aquí.

Dedicado a los INnovadores, INtegradores, INprendedores públicos que comienzan a animarse a compartir, a crear, a proponer.

  • Innovar es imaginar y creer que lo imaginado se puede conseguir.
  • Innovar es una actitud permanente de cuestionar la forma de concebir algo, transformando ideas en realidades.
  • Innovar es pensar: “¿podemos heacerlo mejor?, ¿podemos hacerlo diferente?”
  • Si el empleado innovador gana, la empresa gana. Si el innovador es empleado público, quien gana es la sociedad.
  • Innovación es conseguir el objetivo, pero de una forma diferente y mejor que las conocidas.
  • Innovación no es el fin, es la herramienta para mejorar nuestro presente.
  • Innovación no es el objetivo, es una actitud.
  • Innovación es inconformismo y afán de superación.

Y un video: Innovar e un minuto.